• Ante una situación anormal, la reacción anormal constituye una conducta normal.
• No es el dolor físico lo que más hiere sino la humillación y la indignación provocadas por la injusticia.
• Si usted aprendiera de mi a operar el cerebro con tanta rapidez como yo aprendo de usted a construir carreteras, me merecería un gran respeto y admiración.
• El amor trasciende a la persona física del ser amado y encuentra su sentido más profundo en el ser espiritual de otro, en su yo íntimo.
• Cualquier sufrimiento, fuerte o débil, ocupa la conciencia y el alma entera del hombre. El tamaño del sufrimiento humano es absolutamente relativo. Y a la inversa, la cosa más pequeña puede generar las mayores alegrías.
• Carece el hombre de la capacidad de decisión interior cuando las circunstancias externas anulan o limitan la libertad de elegir su comportamiento externo?
• Solo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos.
• Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino.
• Con el final de la incertidumbre nacía la incertidumbre del final.
• Nada se ha perdido, aunque pertenezca al pasado, porque nosotros lo hemos abierto al ser, y haber sido es también una forma de ser, quizá la forma más segura de ser.
• A nadie le esta permitido hacer el mal, ni aún cuando la injusticia se ha cebado con él.
• El hombre necesita algo por lo que vivir. O morir.
• La mejor almohada es una buena conciencia.
• El que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.
• El sufrimiento deja de ser sufrimiento en cuanto encuentra un sentido, como suele ser el sacrificio.
• Igual que el miedo provoca lo que uno teme, la intención excesiva paraliza la consecución de aquello que se desea con todas las fuerzas.
Viktor Frankl “El hombre en busca del sentido”